Sabotaje coartado
Hay momentos, horas, días, meses e incluso años en los que todo parece derrumbarse. Los ojos se apagan, los labios se contraen en un rictus de dolor, el rostro se marchita como si el tiempo hubiese dejado su huella desde ayer,...y lo peor, el corazón se encoge y el alma se pierde entre las tinieblas de la amargura.
A veces, muchas veces, las lágrimas se secan de tanto llorar y entonces sólo queda un dolor profundo, de una profundidad tal que quiere arrastrar al abismo de la soledad y de la locura. Nada consuela; las palabras suenan huecas, absurdas, e irritan.
Por momentos, pocos, aparece la lucidez acompañada de una calma extraña que hace pensar en la imposibilidad de lo sentido.
Una gran nube se cuela caprichosa y desafiante en la vida; permanece estática y orgullosa mofándose de la tranquilidad ; echa su lengua blanquecina burlándose de la estabilidad y trata de engañar, con su apariencia de algodón, a la coherencia. Así, aparece día tras día sin cansarse...
La espera se hace larga y en ella caben la desesperación, el miedo y las ganas de claudicar; pero poco a poco, con sigilo y elegancia, se abre paso un pequeño haz de luz que comienza a iluminar suavemente esa estancia oscura y perdida . La claridad cada vez se hace mayor y aparta de forma segura y serena, aunque con un esfuerzo de gigante, a esa nube cruel y vanidosa que intentó ocultar, y que por momentos lo consiguió, el cielo limpio y azul de una forma sucia y mezquina. Ya no le servirán sus coqueteos fáciles e indiscretos: ella hizo, sin saberlo, que la fortaleza sea mayor y que el sol vuelva a brillar de nuevo con un resplandor diferente.

