Lágrimas escondidas
Unas lágrimas furtivas se escaparon de sus ojos cristalinos para deslizarse suave y lentamente por sus mejillas. Esas lágrimas no eran amargas; eran dulces y serenas. Un halo de tristeza a veces la rodeaba, pero ella seguía sonriendo.
Lo que podía ser no era y no era porque el destino en ocasiones es caprichoso y pone en el camino piedras que impiden caminar hacia los sueños. Ella, a pesar de todo, las cuidada, porque eran piedras preciosas que no era capaz de apartar ni destruir.
Y, mientras tanto, su vida transcurría con aparente tranquilidad, anhelando en lo más profundo de su alma salvar lo que tanto quería y alcanzar lo que tanto amaba.

