Lucha por tu vida
La camioneta circulaba por la estrecha y sinuosa carretera del interior, transportando -como de costumbre- a médicos, enfermeras y material sanitario. El conductor del trailer, infestado de drogas, invadió la curva y la camioneta se convirtió en segundos en un amasijo de hierros. Dos muertos y varios heridos fue el resultado de esa barbarie humana. Entre ellos, Ricardo, nuestro Ricardo, mi casi hermano. Ahora se debate entre la vida y la muerte en el hospital en el que tantas veces él luchó por otros en situaciones similares.
Todos estamos tristes y atentos al mínimo cambio, que de momento no se produce.
Frente a algunos, yo mantengo mi esperanza. No me imagino que de repente se vaya sin volver a escuchar su risa, sin volver a escuchar sus sabios consejos de médico, sin darle yo los míos como hermano, sin que aparezca por la casa y tome su café. Su presencia para mí siempre fue motivo de alegría, aun cuando su genio salía a veces sin razón. Nunca discutimos; quizá sólo una vez nos pusimos serios y enfadados, pero al poco tiempo bromeamos sobre aquello. Creo que casi siempre estuve a su lado y ahora me alegro más que nunca. Deseo seguir estándolo.
Ricardo, no sabes cuántos somos los que te queremos. Lucha, por favor; lucha ahora por ti y también por nosotros, que no queremos perderte. Muchos son los que te necesitan y tu profesión, a la que tanto amas, también necesita de ti, porque tus conocimientos, investigaciones y proyectos son de mucha importancia, pero tu aspecto humano lo echaría en falta cada paciente que tienes y que podrás tener.
No me falles. ¡Lucha por tu vida!

