Mala compañera
Hace varios ya trabajamos en el mismo lugar y todo iba bien hasta que un buen día nombraron un jefe, con el que ella tuvo encontronazos bastante fuertes y de los que intenté mantenerme al margen, porque sinceramente no me parecía que ella tuviese toda la razón.
Ese jefe había sido antes compañero también y es una persona con ciertas peculiaridades que no gustan a muchos, pero siempre tuve buena relación con él, aunque no estuviese de acuerdo en algunas cosas, lo que le decía sin problemas. No fue bien acogido su nombramiento por algunos, pero, en mi afán de mediar y de que las asperezas se limarán, me encargué de organizarle una comida de bienvenida, como se le había hecho al anterior.
La presunta amiga-compañera se lo tomó como un acto de peloteo (¡como si a estas alturas tuviese necesidad de eso!), pese a que aun no había empezado su enfrentamiento. Alguna vez lo hablamos y discutimos sin llegar a ponernos de acuerdo, pero no fue más allá hasta que se le metió en la cabeza que a mí me beneficiaba en el trabajo en su perjuicio. Por supuesto, le rebatí esto mil veces, porque yo no lo veía así, sería absurdo que me beneficiase sin yo enterarme, aunque ella tenía anotados datos que, según sus cálculos, le daban la razón y a los que no presté demasiada atención porque ya me aburría el tema.
El caso es que lo suyo, a mi manera de ver, se convirtió en una obsesión tal que le llevó a reacciones un tanto escandalosas, con insultos y vejaciones hacia él. Yo no presencié ninguna afortunadamente, pero me lo contaron distintas personas. Ella consiguió unos cuantos adeptos y el ambiente de la oficina se hizo tenso y desagradable, como si hubiese dos bandos: los que se llevaban bien con el jefe y los que la apoyaban. El llevarse bien consistía únicamente en hablarle, tomar un café o cosas parecidas, no más.
Después de un lío tremendo por lo visto, un día oí que lloraba y me acerqué a interesarme por ella y ver si podía ayudarla, pues a todo esto ya había tenido varias bajas. Cual fue mi sorpresa que al entrar en donde estaba me gritó: "¡Fuera, que vienes a enterarte de mi vida", o algo similar. Me quedé alucinada, pues, a pesar de todo, seguía teniendo contacto con ella, hablábamos, nos reíamos,...
Tras su incorporación de una nueva baja, ya no me volvió a hablar ni siquiera a saludar. Al principio me dolió, porque además la ofendida en todo caso sería yo, no ella; luego lo acepté y, la verdad, pasé. Pero ella no pasa y noto que intenta fastidiarme en lo que puede: si tenemos una reunión y planteo algo, enseguida se pone en contra y si se trata de quitarme trabajo- ya que llevo una temporada larga con una distribución mala (esos son los beneficios del jefe en cuestión), rápidamente salta para que no sea así; en ocasiones tiene que sustituirme, como otros compañeros, pues no tengo el don de la ubicuidad, y pide explicaciones por escrito, a través del jefe, de en dónde estoy o qué hago. Es como tener a un detective detrás, lo cual no me importa demasiado en el sentido de que nada raro hago en el trabajo, pero me resulta muy molesto.
No quiero hablar de comentarios al respecto de otros que trabajan conmigo por si por las casualidades de la vida llegan a este blog; a nadie quiero comprometer, pues intento ser buena compañera, y de hecho nunca me pasó algo parecido ni en el trabajo ni fuera de él.




Comentarios sobre Mala compañera
Recibe un saludo Att. Alexander.
PD. Si puedes visitame, igual y te guste mi espacio.
Acabo de leer hace breves momentos tu escrito de hoy, hermana; después fui al baño porque me entró un ataque de diarrea aguda y entre retortijón y retortijón, surgió la inspiración para comentarlo ¿por qué sería?, ¿por qué el wc sería mi fuente de inspiración?. Está claríiisimo, es que lo de esa compa tuya es kk pura y mal oliente.
Fíjate, la recuerdo en la cocina de casa cenando, y también cuando la saludé un día en Pontevedra ... Y yo que crei que era una buena amiga ... !Vaya por Dios ...!. Está visto que la envidia acaba con todo, porque yo en todo lo que contaste, sólo veo una profunda envidia,bueno, no, sólo no, también un fuerte complejo de inferioridad. Esas personas que confunden el pelotilleo con la cortesía y amabilidad hacia los jefes, para mí que padecen de un fuerte complejo. Yo te conozco bien, y tú, hermana, nunca fuiste pelotas, amable y cortés sí; suele serlo siempre, pero no sólo con los jefes, sino con todo el mundo: con tu familia, con los amigos, con los compañeros, con tus empleados, con las personas en general; bueno, hasta con los animalitos.
Indudablemente esa mujer padece un complicado síndrome, que no es tampoco muy original, porque es frecuente, por desgracia, encontrarse con esas actitudes; aunque pienso que esta ocasión en un poco más pronunciado de lo habitual, ya que llega hasta el acoso y la persecución.
La verdad es que no sé si lo siento más por ti o por ella. Porque al fin y al cabo hoy tú te sientes preocupada, molesta y quizá hasta dolida, pero es algo que puedes olvidar facilmente, que no vives pendiente de ello; sin embargo, ella, jesús, debe de estar corroida por la envidia, y parece que ha construido un mundo a su alrededor. Seguro que hasta pesadillas tiene. Estar pendiente de cómo fastidiar a alguién debe de ser terrible...
Yo, creo, que en tu lugar, intentaría pasar de ella todo lo posible, y cuando no lo puedas evitar, porque se cruce en tu camino una vez más para fastidiar, pues hija, defiéndete como puedas, que tú sabes, y seguro que eres bastante más inteligente que ella, porque además las personas que padecen ese mal, suelen estar obsesionadas y pierden el sentido común. No caigas es su juego, pasa de ella todo lo que puedas, seguro que todo el mundo, a estas alturas, conoce su enfermedad. Mántela a distancia, no le dés cuerda, que supongo que es lo que ya haces; pero sí insiste e insiste, habla con tus jefes, tus compañeros, tus amigos, tus colegas y familia, hazles ver que esa mujer te está acosando, porque eso es un acoso en toda regla, y cada cosa se podrá en su sitio solita, estoy segura.
Un besito, hermana, y paciencia, mucha paciencia; que no son todos los que están ni estan todos los que son.
Lola.