La Tercera
Su ánimo cambiaba por momentos. A veces no sabía por qué, aunque suponía que los últimos meses duros y difícles que había vivido estaban haciendo mella.
Muchos habían sido los reproches, las descalificaciones, las críticas, las discusiones estériles, las noche de insomnio, ...Casi siempre trató de superar las contrariedades, algunas de ellas muy fuertes y sin remedio. En el fondo pensaba que tenía fortaleza, que podía con todo, pese a que también en varias ocasiones estuvo a punto de claudicar, dejando su lucha por el bienestar suyo y de los demás. No lo hizo: siguió hacia adelante, intentó animarse y animar. Merecía la pena, aunque el esfuerzo era grande.
Poco a poco las cosas se iban solucionando. Había varias pendientes aun y otras ya no tenían la solución que le hubiese gustado, pero éstas ya habían tenido una respuesta inamovible que debía aceptar y aceptaba con la mayor serenidad posible.
Pero su autoestima estaba dañada y se resentía no pocas veces, incluso sin un motivo aparentemente serio. A menudo se sentía como perdida, o triste, o aburrida... Intentaba disimularlo, a lo que -por otra parte- ya estaba bastante acostumbrada; pero no siempre lo conseguía.
Quizás no había controlado situaciones y emociones. Era humana y cometía fallos y en estos últimos tiempos su sensación primordial a menudo era la de sentirse "la tercera". Intentaba ayudar y compartir, tanto lo bueno como lo malo de sus seres queridos; pero, pese a ello, no parecía acertar y casi siempre salía de los labios de aquéllos alguna palabra de desaprobación sobre lo que hacía. Había otras personas importantes para ellos y sentía bastantes veces que sobraba, que su tiempo estaba a disposición de los demás, que ella debía estar "allí" para cuando les pareciese oportuno.
También era consciente de que no todos esos pensamientos respondían a la realidad, pero le costaba racionalizarlos. Por ello, su malestar cedía sólo por momentos y también lo pagaban los que la rodeaban.
Celos, le habían dicho. Ya no lo sabía. Estaba confundida, sin mucha capacidad para pensar. Lloraba y sus lágrimas le aliviaban ciertos ratos. No siempre estaba mal, no; sólo que tampoco estaba bien.
No sabía ya qué hacer; lo había intentado. No sabía si callar, ceder como tantas veces lo había hecho en su vida, no discutir, aceptar todo lo que se le decía como bueno, buscar ayuda,... Asumir ser "La Tercera".



