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Guerra de Géneros

por carmen
lunes, 19 de mayo del 2008 a las 10:56
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Guerra de Géneros

 Ciertas afirmaciones de algunos hombres y mujeres pueden hacer pensar que existe un enfrentamiento entre unos y otros.

 Nunca entendí a algunas mujeres que, para reivindicar unos derechos legítimos, como pueden ser la igualdad y todo lo que ésta supone, adoptan una postura de total descalificación hacia los hombres.

 Pienso que es razonable y necesario criticar conductas concretas de las llamadas "machistas" respecto a personas determinadas; pero no me parece ni justo ni eficaz atribuirlas a todos los hombres ni decir que ellos son los únicos culpables de la discriminación de la mujer ni afirmar o insinuar que lo hacen prácticamente todo mal.

 Sinceramente, creo que esto denota por parte de quien realiza esas manifestaciones tan tajantes una falta de argumentos sólidos, que los hay, y que, en cierto modo, resta credibilidad a quienes defienden los derechos de la mujer con razonamientos lógicos y veraces.

 No todos los hombres son "machistas" o, al menos, no todos lo son más que algunas mujeres, que consienten y, en ocasiones, favorecen la desigualdad, ni todos son, por tanto,  los culpables exclusivos de la misma en base a las mismas razones.

 Si nos remontamos a la antigüedad, las normas que regulaban las relaciones humanas eran establecidas por hombres y las mujeres las acataban, bajo pena, en bastantes casos, de fuertes castigos. Lamentablemente, esto sigue existiendo en algunos países y en algunos grupos sociales, incluso en las propias familias. Y así como antes la mujer poco podía hacer para romper con esas, llamemos, tradiciones, ahora creo que está en un momento propicio para combatirlas. De hecho, el fenómeno del feminismo data de tiempo atrás y le debemos mucho: abrió y sigue abriendo puertas, además de haber conseguido muchos de sus objetivos. Entonces, ¿por qué decir que el hombre actual es el único causante de la marginación de la mujer, que todavía existe?.

 La lucha por la igualdad sigue siendo obra de mujeres, aunque también hay que reconocer que algunos hombres la respaldan. Lo mismo ocurre con las reivindicaciones de los colectivos, que sufrieron y todavía sufren la discriminación: son las propias víctimas quienes tienen que "levantarse".

 Me desagradaría que se me malinterpretase, ya que no pretendo en absoluto culpabilizar a la mujer -yo lo soy, me siento orgullosa de ello y abogo por nuestros derechos condenando la desigualdad-, sino reflexionar acerca de ciertas actitudes.

 Al margen de esto, que puede ser discutible como casi todo, lo que me llama más la atención es a lo que me referí en último lugar: desaprobar al hombre en poco más o menos todas sus facetas y convertirlo en el enemigo público número uno.

 Recuerdo, por ejemplo, que en el curso de una conversación con la presidenta de una asociación feminista, ésta me dijo: "Todas hemos sufrido alguna vez acoso en el trabajo". Cuando le respondí que yo no, ella insistió: "Piénsalo y verás como sí". La verdad, me dejó perpleja, porque o bien soy tonta de remate por no haberme dado cuenta  o bien ella está un tanto paranoica.

 En fin, que me alargo mucho y no quiero aburrir; así que cualquier día daré "caña" a los hombres, que, desde luego, no se salvan de su participación en esta "guerra".

Lucha por tu vida

por carmen
lunes, 19 de mayo del 2008 a las 10:19
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 La camioneta circulaba por la estrecha y sinuosa carretera del interior, transportando -como de costumbre- a médicos, enfermeras y material sanitario. El conductor del trailer, infestado de drogas, invadió la curva y la camioneta se convirtió en segundos en un amasijo de hierros. Dos muertos y varios heridos fue el resultado de esa barbarie humana. Entre ellos, Ricardo, nuestro Ricardo, mi casi hermano. Ahora se debate entre la vida y la muerte en el hospital en el que tantas veces él luchó por otros en situaciones similares.

 Todos estamos tristes y atentos al mínimo cambio, que de momento no se produce.

 Frente a algunos, yo mantengo mi esperanza. No me imagino que de repente se vaya sin volver a escuchar su risa, sin volver a escuchar sus sabios consejos de médico, sin darle yo los míos como hermano, sin que aparezca por la casa y tome su café. Su presencia para mí siempre fue motivo de alegría, aun cuando su genio salía a veces sin razón. Nunca discutimos; quizá sólo una vez nos pusimos serios y enfadados, pero al poco tiempo bromeamos sobre aquello. Creo que casi siempre estuve a su lado y ahora me alegro más que nunca. Deseo seguir estándolo.

 Ricardo, no sabes cuántos somos los que te queremos. Lucha, por favor; lucha ahora por ti y también por nosotros, que no queremos perderte. Muchos son los que te necesitan y tu profesión, a la que tanto amas, también necesita de ti, porque tus conocimientos, investigaciones y proyectos son de mucha importancia, pero tu aspecto humano lo echaría en falta cada paciente que tienes y que podrás tener.

 No me falles. ¡Lucha por tu vida!

Otro despertar

por carmen
martes, 06 de mayo del 2008 a las 10:56
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Otro despertar

 Se miró al espejo y no se reconocía. Su cara le parecía extraña y una sensación de gran malestar invadió su cuerpo. No era que hubiese cambiado su rostro durante la noche, no; era otra cosa. 

Salió del cuarto de baño y se sentó en el sofá de la sala intentando olvidar; pero al cabo de unos instantes estaba de nuevo situada frente a ese cristal que la fotografiaba todas las mañanas: analizó cada rasgo, cada gesto, tocó su piel,...todo estaba igual, pero ella sentía que no era ella la que aparecía reflejada. No lo entendía y un miedo terrible la hizo huir en busca de su identidad a otro espejo y después a otro y otro. Un escalofrío recorrió su cuerpo; todos le decían lo mismo.

Se tumbó en la cama y el corazón empezó a latir con fuerza, deprisa. ¿ Qué le estaba pasando?. Miles de ideas desordenadas aparecían y desparecían en su mente. Se incorporó tratando de escapar de aquello, pero no era capaz; fuese a dónde fuese las sensaciones parecían perseguirla.  Encendió un cigarrillo y al rato lo aplastó contra el cenicero. No era posible que le estuviese ocurriendo a ella. Tomó su pulso y sintió las palpitaciones rápidas que ya notaba en su corazón. Le costaba respirar y la sensación de ahogo aumentó ese malestar que ya tenía.

Así no podía ir a trabajar, pensaba. Algo muy malo le estaba ocurriendo y necesitaba ayuda. Una ola de calor enrojeció su pálido rostro y con mano temblorosa cogió el teléfono. No recordaba el número que quería marcar y colgó. La respiración cada vez era más agitada, el corazón seguía latiendo deprisa y tuvo que agarrarse a la mesita que tenía al lado para no perder el equilibrio. Ahora su cabeza estaba como embotada y el frío le hizo ponerse una chaqueta a pesar de que fuera brillaba el sol y era verano.

Paseó de un lado a otro de la casa, sin rumbo, sin saber a dónde iba ni que quería. Se asomó a la ventana y la calle le pareció tan extraña como ella misma. Se retiró de golpe, cada vez más asustada. Volvió a sentarse sin entender y como una autómata cerró los ojos y respiró hondo. Permaneció así durante un buen rato, con la mente bloqueada, tratando de no pensar hasta que el sueño se apoderó de ella.

Al despertarse, pensó que todo había sido una pesadilla: ya era ella.

Ser madre

por carmen
domingo, 04 de mayo del 2008 a las 13:34
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Ser madre

 Hoy, primer domingo de Mayo, es el día de la Madre. Sé que es algo comercial, pero esa parte a mí no me interesa, sin perjuicio de que me gusten los regalos que mis hijos me hacen: me gustarían en cualquier otra fecha.

También  soy hija y felicitaré a mi madre y le haré un detalle. Quizá me deje llevar por el consumismo, pero no me importa si a ella le hace ilusión una muestra especial del amor que le tengo en un día que, por haches o por bes, se dedica a las madres.

Sé también que el día de la Madre es todo el año, pues las que somos madres lo somos siempre, desde que nuestros hijos nacieron, y nuestros hijos (yo misma incluída) son conscientes de que tienen una madre siempre también.

No es fácil ser madre, porque no consiste sólo en dar a luz; entraña mucho más. El dolor del parto es un anuncio ya de la difícil tarea a la que nos vamos a dedicar.

Ser madre es cuidar, mimar, acompañar, apoyar, aconsejar, comprender, guiar, estar siempre ahí, al lado de los hijos. También es poner límites, regañar y castigar en ocasiones. Es una entrega incondicional.

Nadie nos enseñó; tal vez hayamos aprendido algo, o mucho, de nuestras propias madres, pero aun así cada cual se guía por su instinto, por su razón y por su corazón.

No hay fórmulas magistrales ni todo lo que hacemos por un hijo sirve para los demás. Son diferentes y, por ello, tenemos que conocerlos e intentar dar a cada uno lo que necesita.

¡Cuantas veces nos equivocamos!. ¡Cuantas veces nos preguntamos qué habremos hecho mal!. Damos vueltas y vueltas y no acertamos con la solución correcta, no sabemos cómo actuar, y nadie nos lo dice; bueno, consejos hay muchos, pero somos nosotras las que hemos de elegir lo que mejor nos parece para ellos con ese gran riesgo de meter la pata. También es algo que debemos aceptar y no estar culpándonos por nuestros errores: si los conocemos, rectificar y ser humildes para pedir perdón; si no nos damos cuenta, nuestros hijos nos perdonarán cuando entiendan que al menos lo intentamos. Lo peor es cuando esos errores no tienen marcha atrás: creo que no me ha llegado el caso afortunadamente, pero pienso que nadie está libre de que pueda suceder.

Hoy mis hijos me felicitan, me miman, me abrazan,...y yo quiero decirles que estoy orgullosa de ellos, que son de lo más importante de mi vida, que los quiero con toda mi alma y que pido a Dios que no me falten nunca.

 Gracias, hijos, por ser como sois, por aceptarme y quererme como soy.

 Os amo.

Buscar éxito

por carmen
sábado, 03 de mayo del 2008 a las 12:27
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DEBO SER COMPLETAMENTE ADECUADO, COMPETENTE, Y EXITOSO EN TODOS LOS ASPECTOS POSIBLES, SI ES QUE QUIERO CONSIDERARME VALIOSO. Es lo mismo que la idea de que para considerarse a uno mismo valioso se debe ser muy competente, suficiente y capaz de lograr cualquier cosa en todos los aspectos posibles.

Esto es un error, una exigencia para uno mismo que no traerá más que ansiedad e insatisfacción, ya que nadie puede ser competente en todo; más bien, la mayoría no destaca especialmente en nada y no por ello las personas son inútiles.

Supone también una comparación con los demás, lo que casi nunca es bueno ni útil, pues "nadie es mejor ni peor; somos diferentes". Ello, a su vez, implicaría una lucha para ser mejor que los otros, lucha absurda porque sería interminable, ya que siempre alguien destacaría más.

La preocupación por el éxito normalmente da como resultado un enorme miedo a probar suerte o a cometer un error o a fracasar en ciertas tareas, por lo que el miedo tiende a entorpecer de forma sucesiva los éxitos por los que se está luchando.

No digo que no tratemos de superarnos, sino que no pretendamos ser especialmente reconocidos de cara al exterior. Hagamos bien nuestras cosas, o tratemos de hacerlas, pero por nosotros mismos y pensemos que errores tendremos porque somos humanos. De los errores se aprende y también debemos ser capaces de perdomarnos por ellos.

El quedarse con la idea de que se debe tener éxito aparta al individuo de un objetivo importante que es vivir feliz (descubrir los intereses propios sin importar lo que los demás piensen de ellos).

¡Grita!

por carmen
miércoles, 09 de abril del 2008 a las 22:59
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¡Grita!

 Mi grito, tu grito...

 Todos los que tenemos la suerte de poder gritar ¡NO! Frente a las agresiones de todo tipo que están sufriendo tantas mujeres por parte de sus parejas en todo el mundo hagámoslo hoy de nuevo en nuestros blogs.

 No creo que nuestros gritos aquí hagan cambiar a los maltratadores; pero espero que sí puedan ayudar, al menos un poco, a las mujeres que padecen día a día la violencia en silencio. Ellas no tienen fuerzas para hacerlo. Nosotros podemos intentar darles una caricia a través de nuestros blogs, que suavice los golpes, las humillaciones, la tristeza, la ansiedad, la vergüenza, el miedo y toda esa serie de sensaciones físicas y psíquicas que trae el maltrato.

Ya son muchas las que al fin pueden levantar su voz, pero queda todavía una mayoría que no sólo no puede gritar, sino que ni siquiera puede hablar. ¿Por qué?. Son muchas las circunstancias que se lo impiden, incluso la ignorancia o el autoengaño, porque no es fácil aceptar que una es víctima de algo tan "denigrante"; no es fácil aceptar que lo permite sin hacer nada; no es fácil aceptar que la persona a la que ama, o un día amó, le esté haciendo tanto daño...

 Vemos y oímos las noticias y nos espantamos, haciéndonos cruces, cuando se produce una muerte. Pero ¿qué pasó con esa mujer hasta ahí?. La denuncia llegó demasiado tarde o nunca llegó. Aun cuando esa mujer ahora fallecida a manos de su pareja hubiese denunciado su situación anteriormente, sin duda, lo hizo tarde esperando a que él cambiase, a que cumpliese sus promesas; tampoco quería que sus allegados lo supiesen; tenía miedo a que fuese peor, qué iba a ser de sus hijos y de su vida sin medios económicos, ...tantas, tantas cosas pasaban por su cabeza que no fue capaz de gritar cuando empezó su calvario. Mientras tanto, su verdugo se crecía y su agresividad cada vez se hacía más fuerte, más constante, más justificada para él.

 Tendamos la mano a esa mujer: comprendamos su estado, su situación, conozcamos todas las barreras que tiene que saltar y no pensemos jamás que tiene culpa. Nada, absolutamente nada, justifica la violencia.

 Gritemos"¡Basta ya!".

 

 

Ayudar a los demás

por carmen
domingo, 23 de marzo del 2008 a las 23:49
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Ayudar a los demás

  Que nadie que lea este post piense que soy buena, porque el ayudar a los demás parece una necesidad para mí. Desconozco el motivo y no me como el coco con eso, pero si lo necesito, no se trata de algo tan altruista como pueda parecer en principio.

La verdad es que siento como una especie de atracción por las personas con problemas; no las busco,  pero si, por casualidad, salen a mi encuentro, aparecen en mi vida, pocas veces soy capaz de pasar de ellas. Después viene la impotencia, porque no siempre puedo hacer algo: más bien escuchar y dar mi punto de vista. Luego, en ocasiones, viene el cansancio de escuchar siempre lamentos, pues hay personas que no dejan de hacerlo de una manera continuada. Y no faltan tampoco aquéllos que se enfadan por lo que en algunos momentos les puedo decir.

Esto último me tiene despistada, y supongo que decepcionada, últimamente. Siempre intento hacerles ver el lado positivo (lo busco por donde sea) y eso parece que irrita o crispa a quienes se quejan de sus problemas. Me dicen que parece que no los entiendo, que busco soluciones absurdas que les exasperan, o incluso que no l0s dejo desahogar.

Lo hago con la intención de animarlos, de encontrar salidas, de suavizar las cosas y, en caso de discusiones entre dos por ej, suelo -porque así me sale- tratar de hacerles ver perspectiva del otro, de que se pongan en su lugar,...A veces funciona, pero de un tiempo a esta parte no, por lo que acabo de decir: incomprensión.

Llega un momento en que a estas alturas de mi vida no sé cómo actuar y sinceramente me duelen algunos comentarios sobre mis intentos de consuelo.

Dicen que no acepto las críticas, que no reconozco mis errores...Puede ser, no digo que no; pero veo que algunos que lo dicen o que me dicen los míos caen en lo mismo que dicen de mí. Pero bueno, eso no es a lo que voy.

Trato de cambiar algunas cosas; no es fácil, pero lo estoy intentando. Y esto, a la vez, me produce cierta tristeza y desasosiego. ¿Tengo que actuar cómo los demás quieren?, ¿debo hacerlo para ayudarles?, ... Muchas interrogantes y dudas.

 

Ayudar a los demás 

 

 

 

 

Mis dos hijos mayores

por carmen
sábado, 15 de marzo del 2008 a las 11:20
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Es una espinita que tengo clavada, que intento no me haga daño; pero de vez en cuando pincha un poco.

Me siento orgullosa y feliz con todos mis hijos: no los cambiaría por nada. Orgullosa, porque son buenas personas, con sentimientos nobles sobre todo, y feliz. porque son cariñosos (cada uno a su manera), hablo con ellos, tenemos bastante confianza, me divierto, compartimos bastantes cosas,.. y, desde luego, porque los quiero que los adoro.

Al escribir esto me doy cuenta de que empieza casi como un cuento de hadas y los cuentos son eso: cuentos, así que también es "normal" tener algún que otro problema.

Me preocupa el futuro de los dos mayores, porque en el tema estudios dejan mucho que desear. No es por falta de capacidad, que sé que la tienen de sobra. Fueron unos chicos que iban muy bien, principalmente el mayor, que siempre destacaba. El segundo, aunque no tan sobresaliente, nunca  tuvo  problemas de este tipo. Fue llegar a la Universidad y tanto el uno como el otro nos dejaron perplejos, tanto que los trajimos para casa, ya que estudiaban fuera.

Oportunidades les dimos y les seguimos dando, pero parece que no responden: suspensos, cambios de carreras y una actitud lamentable ante los libros. También los pusimos a trabajar durante unos meses para que conociesen el mundo laboral cuando no se tiene ningún tipo de cualificación y ambos optaron por continuar ( o empezar, o ya no sé cómo llamarlo) con los estudios: aquello era duro y con poca remuneración económica. Volvieron a ser estudiantes y no veo cambios; bueno, quizá alguno en el segundo.

Se les dice que no es necesario tener una carrera, que hay otras opciones; pero se empeñan en que no y no creo que sea por aprovecharse de nosotros y vivir bien sin hacer nada.

Lo cierto es que en teoría tendrían que acabar este año por las carreras que habían elegido y como quien dice están empezando. El mayor dice que le supone un esfuerzo terrible estudiar, que antes casi no lo hacía (es cierto) pese a sus buenos resultados. El segundo piensa, al menos de cara al exterior -porque me parece que interiormente reflexiona, pero no lo lleva mucho a la práctica que digamos- en sus amigos, las chicas, salir,...la satisfacción inmediata.

Muchas veces me planteo si el fallo es nuestro, que les dimos una vida fácil y cómoda; pero ¿qué hacer?, ¿negarles lo que podemos darles?. Ya hicimos lo que antes comenté, restringimos salidas, hubo conversaciones (tranquilas y no tanto), les ofrecimos la posibilidad de acudir a un psicólogo por si acaso podría ayudarles, la posibilidad de estudiar ciclos, de trabajar,..

Tienen 23 y 21 años. Aun son jóvenes, pero el tiempo pasa y uno se desespera a veces.

Confío en que esto cambie, pero mientras tanto...

Ojalá alguien sepa darme una receta. La agradeceré:)

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Anacos de Carmen

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