Rompiéndose
Le amó durante mucho tiempo, probablemente aun le siguiese amando, pues el sufrimiento se asomaba a su rostro y lo sentía en cada poro de su piel.
Habían sido muchos los años de una unión muy intensa, más allá del tiempo y del espacio, que en aquellos momentos veía resquebrajarse sin remedio.
Los últimos acontecimientos, que a veces había provocado por ciertas actitudes de quien tanto quiso o quería, le iban abriendo los ojos y precipitaban hacia nuevas emociones. Los diálogos se repetían e iban dejando paso a agrias discusiones, que eran las puertas de la desconfianza, del temor y de la decepción.
No sabía en qué acabaría todo aquello, pero algo importante se había roto y la angustia, que hace mucho tiempo no sentía, le impedía distinguir ya lo que quería.

